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Científicos identifican seis tipos de covid-19: ¿cuáles son y qué síntomas son típicos para cada uno de ellos?
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Los hallazgos podrían ayudar a los médicos a predecir qué pacientes infectados con el coronavirus tienen mayor riesgo y podrían necesitar atención hospitalaria durante las futuras olas de la pandemia.
Una especialista médica en un hospital de Moscú, Rusia.Kirill Zykov/Moscow News Agency/Handout / Reuters
Científicos del King's College de Londres (Reino Unido) que analizan datos de una aplicación de seguimiento de síntomas del covid-19 ampliamente utilizada distinguieron seis tipos diferentes de la enfermedad, cada uno de los cuales se caracteriza por provocar una serie concreta de síntomas, según un nuevo estudio publicado este jueves en el portal medRxiv.
Los seis tipos identificados se correlacionan con los niveles de gravedad de la infección y con la probabilidad de que un paciente necesite ayuda para respirar si es hospitalizado.
En cuanto a los síntomas, si bien la tos, fiebre y pérdida del olfato generalmente se destacan como los tres principales de la enfermedad, los datos recopilados de alrededor de 1.600 usuarios de la aplicación Covid Symptom Study en el Reino Unido y EE.UU. muestran que las personas pueden experimentar una amplia gama de síntomas diferentes, como dolores de cabeza, dolores musculares, fatiga, diarrea, confusión, pérdida de apetito o falta de aliento, entre otros.
De esta manera, de acuerdo con el estudio, que aún no ha sido revisado por expertos independientes, los seis tipos de covid-19 y sus síntomas son los siguientes:
'Gripe' sin fiebre: dolor de cabeza, pérdida de olfato, dolores musculares, tos, dolor de garganta, dolor en el pecho, sin fiebre;
'Gripe' con fiebre: dolor de cabeza, pérdida de olfato, tos, dolor de garganta, ronquera, fiebre, pérdida de apetito;
Gastrointestinal: dolor de cabeza, pérdida de olfato, pérdida de apetito, diarrea, dolor de garganta, dolor en el pecho, sin tos;
Nivel severo uno, fatiga: dolor de cabeza, pérdida de olfato, tos, fiebre, ronquera, dolor en el pecho, fatiga;
Nivel severo dos, confusión: dolor de cabeza, pérdida de olfato, pérdida de apetito, tos, fiebre, ronquera, dolor de garganta, dolor en el pecho, fatiga, confusión, dolor muscular;
Nivel severo tres, abdominal y respiratorio: dolor de cabeza, pérdida de olfato, pérdida de apetito, tos, fiebre, ronquera, dolor de garganta, dolor de pecho, fatiga, confusión, dolor muscular, falta de aliento, diarrea, dolor abdominal.
¿Cómo afectan a la salud estos grupos?
Los científicos descubrieron que solo el 1,5 % de las personas del grupo 1, el 4,4 % de las del grupo 2 y el 3,3 % del grupo 3 necesitaban asistencia respiratoria.
Estas cifras aumentaban hasta el 8,6 %, el 9,9 % y el 19,8 % para los grupos 4, 5 y 6, respectivamente, mientras que casi la mitad de los pacientes del grupo 6 terminaron en el hospital, en comparación con el 16 % de los del grupo 1.
Además, las personas de los grupos 4, 5 o 6 tendían a ser mayores y más frágiles, y tenían más probabilidades de tener sobrepeso y afecciones preexistentes, como diabetes o enfermedad pulmonar, en comparación con las de los grupos 1, 2 o 3.
Como resultado, tras identificar los seis tipos y combinar toda la información, los investigadores lograron crear un modelo que predice de manera temprana y con mayor precisión en qué grupo se encuentra cada paciente y la probabilidad de que requiera tratamiento hospitalario y asistencia respiratoria.
"Estos hallazgos tienen implicaciones importantes para la atención y el monitoreo de las personas que son más vulnerables al covid-19 grave", declaró la investigadora Claire Steves.
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La forma como Estados Unidos ha respondido a la pandemia, pone en duda la medicina científica por evidencias que vende Estados Unidos al mundo.
La medicina no es solo una ciencia, es también una cultura, y una formas de poder o lo que se conoce como política.
La medicina como ciencia, reconoce patologías que pueden afectar al ser humano, en estas patologías determina causas, procesos y efectos o consecuencias, Lo importante como ciencia es entender la vida humana en todas sus dimensiones, entonces reconoce que es ser humano no es solo un ser vivo, sino que también es una forma de vivir, que está determinada por su cultura, que es un punto de vista que ha trascendido el tiempo, mediante el compartir creencias, el hecho de ser un punto de vista, una manera particular y colectiva de ver, es lo que en general llamamos arte.. Al ser la medicina parte de expresiones culturales, nos damos cuenta que es también un culto, entendiéndose por culto formas de actuar conforme a creencia, en la que no existe solo el ser vivo, sino que hay un algo trascendente que en cada persona llamamos alma, y que es una forma de perpetuidad o inmortalidad, en los tiempos modernos esta perpetuidad o inmortalidad se materializa en la escritura, la pintura, la música, las artes en general, pero también en las religiones, en las grabaciones, vídeos, la Internet, pero sobre todo en la cultura juedeo crisitana y judeo musulmuana que son las dos mas grandes religiones del mundo, en lo que llamamos cielo que es donde va el alma de la gente que en su conducta no hace daño y es recordada con afecto, por muchos o por pocos, purgatorio que va donde el alma de la gente que tiene una conducta dudosa, que otros seres humanos prefieren no recodar mucho tiempo, y es donde vamos la mayoría de nosotros, y el cielo que es donde va el alma de aquellos que pocos o muchos que lo conocieron recuerdan gratamente.
Pero la salud, además es algo que se hereda, pues nuestros antepasados superaron enfermedades, que dejaron en su cuerpo una memoria biológica o inmunológica, ademas es una herencia cultural y social, pues la sociedades tienen médicos, hospitales, medicinas, conocimientos que pasan de una generación a otra, y tiene una memoria, en que los conocimientos y saberes pasan la barrera del tiempo de múltiples formas y se convierten en el bien común.
Pero la medicina también es poder, riqueza e información. Cuando la medicina se convierte en poder, una persona que gobierna un país o un partido político puede decidir cuántos hijos tienen sus habitantes, o cuando es poder puede decidir quienes tienen acceso a vacunas, medicinas, hospitales, finalmente puede decidir quienes viven o mueren, mediante guerras, puede escoger si viven o mueren los de una raza como en la Alemania Nazi.
La medicina norteamericana, considerada por 100 años como la mejor medicina del mundo, hoy no puede responder exitosamente a la pandemia del covid 19. Estados Unidos está a la vanguardia por el número de muertos y de infectados, a pesar de su tecnología, sus avances científicos, sus ganadores de Premios Nobel de Medicina, y de toda la infraestructura montada y las innovaciones que produce cada día.
Esto se debe a que su medicina se la concibió como un negocio y las industrias farmaceúticas, las fábricas de equipos, la propiedad intelectual sobre procedimientos, priman sobre el conocimiento y las buenas intenciones. Publicaban y practicaban aquellos conocimientos que se pueden materializar en dinero, costos, inversiones y sobre todo ganancias.
La medicina como negocio, como inversión, sea pública o privada, por estados capitalistas, comunistas o socialistas, llevó a que los seres humanos dieramos valor solo a aquello que se somete a protocolos, que finalmente permiten el consumo de medicinas de grandes transnacionales, de procedimientos que venden universidades famosas, y de formas de prevención , rehabilitación que se pueden traducir en dinero.
El clima, la alimentación, la radiación solar, la altura, plantas medicinales, conocimientos tradicionales, rituales, que se los puede usar solo en países que tienen un clima especial, plantas y alimentos propios, culturas curativas diferentes, radiación solar, aguas termales, playas y tipos de mar, o calidad en el aire, no fueron considerados como recursos terapéuticos, porque esto por ahora no es negocio para las empresas farmacéuticas, o de equipos médicos.
Para desacreditar el uso de estos recursos terapeúticos, simplemente argumentan que no hay evidencia de que su uso sea beneficioso. Sin embargo en esta pandemia hemos visto que se promociona a medicamentos casi inútiles como el remdesivir, un retroviral muy caro.
Soy un consejero de internautas.
En este canal se discuten temas de relevancia que generan controversia y discusión.
Mi objetivo es proveer una visión crítica y analítica de la actualidad con sugerencias para resolver problemas de gran impacto en la sociedad ecuatoriana.
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Coronavirus en Ecuador: "Mi esposo murió de covid y su cadáver desapareció. Me lo entregaron casi cuatro meses después"
Cecilia BarríaBBC News Mundo
17 julio 2020
Derechos de autor de la imagenSILVIA GUZMÁNImage captionEl cuerpo de Félix Merchán, de 42 años, desapareció luego que muriera en un hospital de Guayaquil por covid-19. Su esposa lo encontró casi cuatro meses después.
A finales de marzo, la ciudad ecuatoriana de Guayaquil se vio desbordada por un brote de covid-19.
Con hospitales, morgues y cementerios colapsados, los muertos comenzaron a acumularse en las calles a la espera de ser recogidos.
En medio del caos, decenas de cadáveres -sin identificación- fueron apilados en contenedores instalados en hospitales, mientras las personas deambulaban entre los cuerpos para encontrar a sus familiares.
Han pasado casi cuatro meses desde que estalló la crisis sanitaria y esta semana el Laboratorio de Criminalística de la Policía Nacional e Investigaciones comenzó a entregar alrededor de 50 cuerpos.
Este jueves aún quedaban cerca de 100 cadáveres en estado de descomposición a la espera de ser identificados a a través de pruebas de ADN.
Y aún no se sabe exactamente cuál es el número total de desaparecidos que fueron víctimas del virus.
Félix Merchán fue uno de ellos. Su esposa, Silvia Guzmán, lo buscó desesperadamente hasta que logró que lo identificaran.
Este es su relato.
Él estaba bien y de un momento a otro se puso mal. Eran las tres de la mañana y me dijo que no podía respirar. Junto a otros familiares recorrimos todos los hospitales y clínicas que hay por aquí, y nadie lo quería recibir porque estaba lleno de enfermos con covid.
Nos decían que no había oxígeno, que no tenían cómo ayudarlo. Al final llegamos al Hospital del Guasmo Sur a las nueve de la mañana. Ahí lo ingresaron a la sala de emergencia y lo dejaron en una silla de ruedas porque no había camas.
Los pacientes estaban tirados ahí a la buena de Dios. Era como estar en una guerra, pero una guerra sin armas, una guerra biológica.
A mi esposo le faltaba la respiración. Lo último que me dijo fue: "Mami, de esta no salgo. Quiero que te cuides mucho y que recuerdes que yo siempre voy a estar para ti". Y ahí perdió el conocimiento.
Murió en mis brazos. Eran 10 de la mañana del primero de abril. Fue muy duro para mí eso porque lo vi morir y no lo pude ayudar. Vi cómo su vida se apagaba lentamente.
Image captionEn medio caos provocado por la pandemia de covid-19 en Guayaquil entre fines de marzo y comienzos de abril, decenas de cuerpos de víctimas fatales desaparecieron inexplicablemente.
Entonces un doctor me sacó a la fuerza porque decía que había mucha carga viral. Me dijo que llenara un papel y que regresara después a retirar el cuerpo.
Cuando regresé a la mañana siguiente ya habían perdido el cuerpo. Entonces el guardia me dijo que entrara a buscarlo en la morgue del hospital.
Había muchos cuerpos por todas partes, no sabían ni dónde ponerlos. Era como estar viendo Walking Dead. Estaban en el piso, era horrible. Los tenían en unos contenedores que no estaban refrigerados. Ahí llegaban todos los que murieron en sus casas y los que estaban esparcidos en las calles.
Y entonces seleccionaban 80 cadáveres y los ponían en la morgue para que los familiares fuéramos a reconocerlos. Si usted quería ir a buscarlo dentro del contenedor, usted tenía que pagarle 100 dólares o 300 dólares a los guardias para que te dejaran entrar.
Los que podían entrar a los contenedores tenían que ellos mismos abrir las bolsas para ver si el cuerpo era de su familiar. Ni siquiera se dignaron a ponerle un brazalete con identificación. No siguieron ningún protocolo. Nadie ponía orden. Incluso hubo un caso de una señora que estaba viva, pero a los familiares le entregaron las cenizas de otra persona.
Eso era un caos. La gente abría las fundas, había cuerpos descompuestos. Si hubieran tenido un buen manejo de los cadáveres, cada uno con su nombre, como debe de ser, nada de esto hubiese pasado.
Derechos de autor de la imagenREUTERSImage captionDurante la crisis sanitaria los hospitales, las morgues y los cementerios quedaron colapsados. Los cuerpos comenzaron a apilarse en las calles y en contenedores.
Volví al día siguiente y al otro y al otro, pero nunca lo encontré. Fui ocho días seguidos a la morgue del hospital hasta que nos dijeron que no iban a entregar más cuerpos. Que el gobierno los iba a enterrar en el campo santo de Pascuales o el de La Aurora.
Me dio mucha pena porque yo quería encontrar a mi esposo para darle su último adiós. Me dijeron que tenía que entrar a una página web para saber en qué cementerio había sido enterrado mi esposo. Hice eso por tres semanas y su nombre nunca apareció.
Entonces nos pusimos en contacto un abogado para presionar y con los otros familiares empezamos a hacer plantones en las calles. Yo iba con un cartel que tenía la fotografía de mi esposo, su nombre y dónde desapareció. Hicimos un grupo como de 200 personas. También había otros grupos, pero no sabemos cuántos desaparecidos hay en total.
Buscamos en hospitales, en morgues, en cementerios, en todos los lados donde podrían estar. Pero nunca tuvimos una respuesta. Como no aparecía, llegué a pensar que podía estar vivo.
Pensaba que quizás había despertado, que podía estar entubado en un hospital y no recordaba. Aunque yo lo vi morir, en el fondo tenía la esperanza de encontrarlo vivo. También pensaba que podían haberle entregado el cuerpo a otra familia, que estaba sepultado.
Pensaba qué le iba a decir a los hijos de mi esposo porque yo tenía toda la responsabilidad porque él vivía conmigo. Todos los días le pedía a Dios que me diera una señal. Le decía "Dios ayúdame porque ya no se qué hacer".
Nunca perdí la esperanza. Yo decía "nunca lo voy a dejar de buscar". Pensaba que me tenían que entregar a mi esposo porque él no era cualquier persona, era mi esposo.
Quería que un día el forense me dijera "aquí está el cuerpo".
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionCerca de 100 cuerpos en Guayaquil están siendo sometidos a pruebas de ADN para determinar su identidad.
Había un grupo de médicos forenses de otro país -no me acuerdo de dónde- a trabajar en la identificación de los cuerpos en mayo. Les di todas las características físicas de mi esposo, cómo era su cabello, su nariz, sus dientes, todo. Les llevé hasta un foto donde se veía la ropa que mi esposo llevaba el día en que falleció en el hospital.
Una persona que trabaja ahí me dijo que los primeros días de junio sacaron los contenedores con los cuerpos del hospital y se los llevaron a la Policía Judicial para hacer las identificaciones.
Pasaron los días, yo los llamaba y me decían que estaban trabajando para encontrarlo. Primero con las huellas dactilares, después por las características físicas y ya después con pruebas de ADN en el caso de los cuerpos que no se pueden reconocer. Esa es la fase en la que están ahorita. Están sacando muestras de ADN de los familiares directos.
Hasta que un día me llama el doctor y me dice "señora Silvia encontramos a su esposo". Era el 23 de junio. Yo me puse a llorar y el forense me dijo que fuera al otro día, a las dos de la tarde, a reconocer a mi esposo.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionDecenas de familias siguen buscando a sus seres queridos.
Al día siguiente fuimos con mi cuñado y el forense nos enseñó unas fotos del cuerpo. Era él. Ahí estaba él con su ropa, con partes del rostro que se le podías reconocer, estaba el tatuaje en su brazo izquierdo con el símbolo del ying y el yang.
Aunque partes de su cuerpo ya estaban descompuestas, no me quedó duda de que era mi esposo. Había partes que aún se mantenían a pesar de la descomposición del cuerpo. Era su frente, su nariz, sus manos, sus pies. Sentí alegría y le dije "por fin te encontré".
Pero cuando llegué a mi casa me puse mal, me dio mucha tristeza. Pensaba que la vida era injusta y no quise salir por cinco días.
Pensaba en que mi esposo siempre estuvo en los contenedores de la morgue del Hospital del Guasmo y nadie nos quiso ayudar. Lloraba y le preguntaba a Dios "por qué". Él nunca fue una persona mala. Yo lo quería mucho y él también a mí.
Es que fue muy duro el día en que lo fui a reconocer. El doctor me dijo que lo habían puesto en una bolsa de plástico negro con un papel que tenía el nombre de otra persona, escrito con un marcador.
Hace una semana me avisaron que puedo ir a buscar el cadáver. Me lo van a pasar embalado y lo voy a sepultar en el Cementerio Municipal Ángel María Canals para que descanse en paz. Será el día más triste de mi vida
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